Martes, 29 de noviembre de 2005
Matrimonio y Familia. Una buena noticia para la humanidad

Versi?n Period?stica de la Carta Pastoral a las Familias
Conferencia Episcopal de Chile, noviembre 2005

1. La Canonizaci?n del Padre Alberto Hurtado SJ ha sido motivo de alegr?a para todos los chilenos, ya que se trata del reconocimiento oficial de la Iglesia a la santidad de este sacerdote que realiz? hermosas obras para ayudar a las personas pobres y sufrientes del pa?s.

El Padre Hurtado tambi?n vio la importancia de la familia. Habl? de la preponderancia de la generosidad del amor mutuo y afirm? que ?el derecho de educar en la familia no es s?lo un derecho, es una obligaci?n estricta?. A los legisladores se dirigi? para recordar el especial sitio que deb?an tener las familias en las sociedades, ya que de lo contrario ?todo nuestro esfuerzo est? condenado al fracaso, como lo vemos constantemente?.

2. Con ocasi?n del inicio del tiempo lit?rgico del Adviento, habiendo entrado en vigencia los Tribunales de Familia y luego de un a?o de regir la nueva ley de ?Matrimonio Civil?, la Iglesia Cat?lica consider? oportuno dirigir una Carta Pastoral para recordar que la uni?n matrimonial y la familia que se fundan en la naturaleza del ser humano y llegan a su plenitud en el Sacramento, son una buena noticia para la sociedad.

El inter?s central es orientar a los miembros de la Iglesia y a quienes comparten la visi?n humanista y cristiana del matrimonio y la familia acerca de la responsabilidad e importancia de ser fieles a los grandes valores de amor, unidad, fidelidad, indisolubilidad y fecundidad que han dado sentido y consistencia a nuestra sociedad. Es una invitaci?n a crecer en el amor, en la entrega y en la fidelidad en medio de las circunstancias cambiantes de la vida. La oraci?n en familia, la participaci?n en la Misa dominical ser?n la garant?a de la presencia de Jes?s en medio del hogar.

En los inicios de este nuevo milenio y cambio de ?poca, el Episcopado chileno quiere ser fiel a la ense?anza que, en distintas circunstancias hist?ricas, sociales y culturales, ha reiterado sobre el matrimonio y la familia. ?De qu? servir?a a una sociedad tener un gran desarrollo econ?mico si las personas dejaran de orientarse por aut?nticos valores por los cuales vivir y luchar, y que dan un sentido verdadero a su vida?

3. Como pastores, los obispos hemos querido invitar a los j?venes y a todas las personas a descubrir el matrimonio como una buena nueva, una hermosa vocaci?n. La sociedad cuenta con el apoyo del Episcopado para descubrir el don y el gozo que hay en compartir y no s?lo en competir; en complementarse y no s?lo en destacarse.

Uno de los puntos que se destacan en la carta es que hacer del matrimonio un bien en s? mismo y un Evangelio para la sociedad, requiere necesariamente de decisiones pol?ticas y sociales que favorezcan, respalden y estimulen la vida matrimonial y la vida familiar, en el campo de la vivienda, la educaci?n, el apoyo a la maternidad, etc.

Preocupados tambi?n por contribuir a que, entre otros aspectos, los matrimonios y las familias puedan desarrollarse sobre bases s?lidas, los Obispos de Chile hemos propuesto el a?o pasado un documento de trabajo titulado ?En camino al Bicentenario?, donde se invita a los constructores de la sociedad a realizar un proceso de reflexi?n y de di?logo para proyectar la mirada hacia el futuro, revitalizando la Patria, a partir de la fecundidad de los valores esenciales que la sustentan.

4. Tambi?n se consigna que el Episcopado est? consciente de que, por muchas razones, no todos consiguen mantenerse fieles en su compromiso de alianza matrimonial.

"Todas ?stas son situaciones, que suelen ir acompa?adas de mucho sufrimiento y requieren de nuestra cercan?a. Debemos hacer todo lo que est? de nuestra parte por evitarlas y, si es posible, por repararlas. Por eso la Iglesia no se queda s?lo en estas constataciones. Queremos acompa?ar muy de cerca a las parejas que viven crisis en sus matrimonios, y no abandonarlas en sus rupturas?.

En consecuencia se exhorta a todos los sacerdotes, di?conos permanentes y consagrados, as? como a los laicos que trabajan en la pastoral familiar, a desarrollar tambi?n una pastoral dirigida a los separados. Y cuando se trate de personas separadas que han sellado una segunda uni?n, y que no pueden por eso participar plenamente en la mesa de la Eucarist?a, se realiza un llamado a abrirles las puertas de la comunidad.

El texto afirma que ?queremos que, como hijos de Dios, sigan participando en todo aquello en que leg?timamente pueden hacerlo, se alimenten con la oraci?n y la Palabra de Dios, y presten servicios caritativos y solidarios?.

5. En definitiva, en este mensaje el Episcopado chileno quiere animar y orientar a todos los que se esfuerzan por fortalecer el matrimonio y la familia en las actuales circunstancias respecto del matrimonio civil y de la cultura, lo que es ocasi?n de testimonio cristiano y un gran desaf?o para la fe. Queremos apoyar decididamente todo lo que ayude al matrimonio y la familia.

Asimismo, exhortamos a mantenerse vigilantes de modo que el divorcio vincular no se transforme en ?una invitaci?n a menospreciar el ideal del matrimonio indisoluble y la estabilidad de los hogares, ni a descuidar nuestros m?s sagrados deberes familiares?.


Muy por el contrario, ?vemos en este hecho una buena ocasi?n para que todos promuevan decididamente el matrimonio y la familia, tambi?n aqu?llas que se formen entre no cristianos a trav?s del v?nculo civil que el C?digo Civil considera ?indisoluble y para toda la vida?. Con esta actitud estaremos contribuyendo al bienestar m?s importante de todos los chilenos y a solidificar los cimientos m?s profundos de nuestra sociedad?.

6. La carta ?Matrimonio y Familia? invita a toda la sociedad, y en especial a las instituciones educativas, a generar instancias que permitan crecer en virtudes humanas como el verdadero amor, la aut?ntica comprensi?n de la sexualidad y el valor sagrado de la vida humana, y valorar el matrimonio y la familia. Se invita al Estado a desarrollar pol?ticas eficaces en bien de la familia, destinando recursos a viviendas dignas, a valorar el matrimonio y la fecundidad, a fortalecer familias ya constituidas, a contribuir en la soluci?n de crisis matrimoniales, a regular adecuadamente el trabajo, el salario y el descanso dominical de manera de favorecer una fecunda convivencia en el hogar.

7. Concluye la carta mostrando a Dios Uno y Trino y a la Familia de Nazaret como ?conos de la familia. Se citan los p?rrafos finales de la Exhortaci?n Apost?lica Familiaris Consortio, escrita por el Papa Juan Pablo II en 1981:

Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promovi?ndolos siempre. Amar a la familia significa identificar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el des?nimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en s? misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misi?n que Dios le ha confiado: Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse m?s alto. Es necesario que sigan a Cristo.

El Comit? Permanente, por mandato de la
Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal de Chile


Punta de Tralca, 25 de Noviembre de 2005
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